No agradar a todo el mundo sin sentirse mal

“Siempre doy más de lo que me dan. No me toman en serio.”

“Voy a ser mala”

Vivimos en la creencia de que al otro le gustan las personas malas, que ser buena persona es exponerse a sufrir.

“Los hombres prefieren a las malas” o “las mujeres prefieren a los malotes”

La realidad es que no nos damos cuenta de que nuestro cerebro acumula mucha basura repetida por otros.

No nos enamoran las personas malas, lo hacen las que encajan con nuestros ideales, las que nos hacen caso y/o las que suponen un reto.

Nos enamoran las personas que nos atraen, pero no por portarse mal. Eso suele ocurrir más tarde en la mayor parte de los casos.

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